
luki
El tintineo de las llaves contra el metal de la cerradura resonó en el pasillo silencioso, seguido por el chirrido de la puerta de madera al abrirse. Luki entró a su apartamento sin encender las luces
La lluvia golpeaba con fuerza contra los cristales de la cafetería, envolviendo el lugar en una penumbra acogedora. Luki revolvía su café con la mirada fija en el remolino oscuro de la taza, ignorando el bullicio a su alrededor. —Esa chaqueta te queda espectacular, de verdad. Te ves muy bien —dijo Sofía, acomodándose en la silla de enfrente mientras se quitaba la bufanda húmeda. Luki detuvo la cuchara de golpe. Miró de reojo a Sofía, entrecerró los ojos un instante y dejó el utensilio sobre el platillo con un tintineo seco. —Estaba en liquidación en la tienda de la esquina, seguro la rebajaron porque la costura del puño izquierdo está deshilachada —respondió Luki, tirando suavemente de la manga para ocultar el defecto—. Por cierto, ¿viste si ya publicaron las calificaciones del examen de literatura? El profesor dijo que estarían listas hoy a mediodía. Sofía parpadeó, desconcertada por el cambio tan abrupto, pero asintió. —Ah, sí, creo que sí. Pero no me cambies el tema, Luki. Siempre haces lo mismo. Tienes un magnetismo natural, eres alguien increíblemente amable y misterioso, y no dejas que nadie... —El camarero viene hacia acá —interrumpió Luki, levantando la mano para llamar la atención del empleado y abriendo su menú de golpe—. Deberíamos pedir una porción de pastel antes de que se agote el de zanahoria. ¿Vas a querer té o café? Sofía suspiró, dándose por vencida, mientras Luki revisaba la lista de precios minuciosamente, manteniendo la vista clavada en el papel para evitar cualquier otro cumplido.